Los riesgos para la salud de creer (en pleno siglo XXI) en curanderos y “pócimas milagrosas” que invaden internet

Los riesgos para la salud de creer en curanderos y pócimas milagrosas que invaden internet

¿Un producto con propiedades mágicas para sanar todas las enfermedades? Tan cierto como decir que “el cielo de verano derretirá el hielo”. Así lo prometían muchos anuncios callejeros que circulaban en el siglo XIX y que advertían que ciertos elixires curaban todo tipo de males.

Entre las enfermedades que formaban parte de la larga lista de dolencias se encontraban las causadas por organismos parasitarios, siendo el remedio para ponerles fin, la ingesta de la pócima mágica.

Estos bebedizos eran todo un portento. Uno de esas publicidades engañosas aseguraba que dichos elixires podían incluso hacer crecer extremidades, como le ocurrió a Julie, una mujer que daba fe con su testimonio de que, tras perder una parte de su cuerpo, solo bastó beber el elixir y después, le “había vuelto a crecer”.

Con el pasar del tiempo y los avances científicos las cosas han cambiado. Trabajos médicos muy estrictos confirman que esas presuntas pociones “milagrosas” son una farsa ¿En serio lo son? Parece que no.

Personas que sacan provecho a la desesperación de los ciudadanos nunca faltan y esta situación no ha cambiado, aunque nos encontremos en pleno siglo XXI.

Actualmente, los ofrecimientos son muy variados:  desde aquellos que garantizan remedios para adelgazar rápido, para mejorar la piel y hasta reemplazar vacunas, por solo hacer referencia a algunas promesas.

El caso es que, en este siglo, este mensaje de curas “mágicas” carentes de bases científicas, sigue expandiéndose con ayuda de Internet.

Pócimas 'Milagrosas'
Los llamados “naturópatas” ofrecen remedios como alternativa a la medicina tradicional.

El testimonio de una curandera

El testimonio de Britt Marie Hermes pone en evidencia la capacidad de convencimiento del ciberespacio. “Yo era una curandera. Vendía remedios naturales y tratamientos pseudocientíficos. Me identificaba como doctora naturópata”, refiere Hermes.

A partir de la imposibilidad de tratar su psoriasis médicamente, tomó la decisión de buscar alternativas. Refiere que la falta de interés de un galeno por su problema la motivó. Se dedicó a investigar en Internet y lo que consiguió la convenció. Halló personas igual que ella, pasando por lo mismo y encontró significado a todo lo que leía.

Encontró que abundaban sugerencias sobre cómo llevar una vida saludable, consumiendo productos de origen orgánico. Eso no le parecía nada extraño ¿Qué problema podría haber con eso? Es así como muchas personas llegan a entender ese punto.

Así que tomó la decisión de dedicarse a trabajar en esta área de forma profesional, algo que le parecía razonable. Creyó que si una página web lucía con un buen aspecto podía confiar en esa información. “En un principio, era ingenua”.

Llegó el momento en que su jefe le dijo que usarían una medicina importada para tratar a un paciente con cáncer y le dijo que ese producto aún no había sido recibido.

“Seguramente la FDA (el organismo que en los Estados Unidos regula y aprueba todo tipo de alimentos y fármacos) la retuvo, pero no hay ningún problema”, le comunicó el hombre.

En ese momento, decidió apartarse de sus funciones y no seguir trabajando en lo que le ocupaba.

poción mágica
El negocio de los falsos remedios por internet es rentable.

La misión de Myles

Hermes ahora se dedica a sacar provecho del poder expansivo de la red para plantar combate y detener a los “matasanos” que ofertan curaciones milagrosas en Internet.

Se dedica a ser una hacker y a detener la multiplicación de estas personas y organizaciones que se valen de palabras claves y herramientas de posicionamiento y mercadeo digital para aparecer de primeras en las búsquedas en Google.

Cuenta con elementos a favor: entiende la forma de proceder de estas herramientas y sabe cómo hacen para atrapar a más víctimas desprevenidas que buscan soluciones en el ciberespacio.

Valiéndose de otras herramientas, existen personas dedicadas a revelar las debilidades y falsedades de supuestas “curas” que carecen de todo crédito médico.

Esta es la misión de Myles Power, un químico profesional y youtuber, quien ha hecho de esto su objetivo durante sus ratos de ocio. En la plataforma de vídeos ya alcanza los 13 millones de vistas con sus posteos que ya han ganado más de 126.000 suscriptores.

poder expansivo de la red
En redes sociales, los grupos difunden y le dan relevancia a estas creencias.

Entre las cosas que ha logrado desvelar se encuentra una peligrosa “pomada negra” que es vendida como una cura contra todos los tipos de tumores cancerígenos. “Es una sustancia que puede abrirle huecos a las personas (…) He logrado desmentir a gente que afirma que el sida no existe”, asevera Power.

Y agrega: “Creo que lo peor que está circulando en este momento, es la ‘solución mineral milagrosa’. Básicamente, es cloro. Y se vende como una cura para el autismo”, alerta el experto en química.

Advierte que sacarle dinero a la gente con supuestos remedios y elixires no es complicado y de hecho, es un negocio demasiado extendido. Dice que hay muchas personas asustadas y que temen morir pronto a causa de alguna enfermedad que están sufriendo. “Quieren curarse y creen que así lo pueden lograr”.

Detalle a tener en cuenta

El factor emocional es uno de los artilugios más usados, y en parte, es una de las herramientas más exitosas de los “matasanos”, como ocurre con quienes apoyan no usar inmunizaciones para protegerse de las enfermedades.

La socióloga digital Naomi Smith, de la Universidad Federación de Australia, alerta sobre la facilidad con la que esto se expande. “Si ves a un amigo refiriéndose al tema en Facebook, hay más probabilidades de que percibas la información como creíble y de que le des un chance para saber de qué se trata”.

De esta forma se disemina la información, apelando a las emociones, ampliando el círculo a otros integrantes que apoyan, con sus ideas y conversaciones, ciertas prácticas o curas y reforzándose mutuamente.

A todo esto responde Hermes que, a pesar que va pasando el tiempo y los “remedios” no dan señal de mejoría, la mayor parte de los seguidores están convencidos de que su estado mejorará mucho antes que las cosas se pongan peor.

respaldo de la ciencia
Entre todos podemos aportar para que prevalezca la ciencia .

Penetrando la web

Paralelamente, hay un factor que le añade efectividad a las intenciones de los estafadores y es el uso de la tecnología para alcanzar a más incautos: se trata de los algoritmos.

Las vías para lograr este contacto se han perfeccionado. “Están en Facebook, por ejemplo, y empiezan a compartir fotos de gatos, algo tierno y adorable. Lo hacen nueve veces y en el décimo post, dicen que el sida no existe y que no es necesario usar condones porque no es real”, comenta Power.

Y agrega: “Facebook piensa que a esta persona le gustaron los primeros nueve posts, así que les muestra el décimo. Quienes lo ven, hacen clic. Entonces Facebook empieza a mostrarles también posts relacionados con quienes niegan la existencia del sida”.

Luego de esto, las personas se encuentran en un escenario donde muchos están seguros que se trata de algo verdadero y terminan compartiendo los mismos contenidos errados sin ningún aval de la ciencia.

También, se trata de gente que cree ciegamente en este tipo de contenidos que defienden como verdadero. Power sostiene que en el caso que alguien trate de desmentir esto “te van a atacar”.

Aunque cambiar la intervención de los algoritmos es todo un desafío, esto no quiere decir que no se pueda lograr darles mayor exposición en la red a los contenidos científicos.

Las creencias y contenidos sin respaldo de la ciencia están allí desde antes que llegara Internet. En todo caso, es un problema con raíces sociales y la solución está en ese mismo ámbito, el social.