Serena Williams dirá adiós tras el US Open para centrarse en su familia y sus negocios

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Se avecina el final de una carrera tenística salpicada de éxitos. Serena Williams, con cuarenta años cumplidos y veintitrés títulos de Grand Slam a sus espaldas, acaba de comunicar en un artículo para la revista Vogue que está distanciándose poco a poco del deporte que se lo ha dado todo. Según queda reflejado en el texto, la norteamericana confirma que su retirada profesional tendrá lugar toda vez que termine su participación en el próximo US Open, que llegará a su fin el once de septiembre.





La tenista, ya en la recta final de su carrera, asegura estar viviendo una etapa de transición en la que su orden de preferencias es distinto al de años anteriores. Las cosas importantes -explica para la célebre publicación de moda y tendencias- van más allá del tenis. Es ahí precisamente donde cobran protagonismo su familia y sus negocios, parcelas a las que a partir de ahora prefiere dedicar más tiempo. Cabe recordar que Serena es madre de una niña que está a punto de cumplir cinco años de edad, y que de igual modo fundó en 2019 Serena Ventures, la empresa de inversiones en start-ups que también comienza a requerir una mayor atención.

Con este escenario de por medio, la jugadora rehúsa hablar de jubilación, y es que cerrar su ciclo de competición al más alto nivel no implica, ni mucho menos, dejar de trabajar en otros ámbitos. Si bien es cierto que lleva años mostrándose reacia a dejar el tenis, como ella misma confiesa, todo apunta a que su idea de lo cotidiano ha cambiado por completo.  Después de veintitrés temporadas en la élite, Williams desea poner el broche final con la misma personalidad que la llevó a ganar su primer grande en 1999: a base de contundencia. Es este carácter de firmeza el que se intuye en el modo de expresar su despedida. La tenista manifiesta sin titubeos que ya no es feliz jugando al tenis.





No es fácil asumir el adiós de una jugadora que se convirtió en profesional a las puertas de la adolescencia, con tan sólo catorce años y sin complejos a la hora de competir con las primeras figuras de aquella época. Serena logró vencer en el Abierto de Chicago de 1997 a Monica Seles y Mary Pierce respectivamente y, aunque no se llevó el torneo, sí consiguió acabar el curso como la número noventa y nueve dentro del ranking mundial. Desde ese momento, su carrera ha sido meteórica, de las mejores -por no decir la mejor- de la historia del tenis femenino. Sin embargo, ella prefiere a día de hoy evitar el tema de sus conquistas deportivas y centrarse en su familia, dos terrenos que ve incompatibles cuando la pretensión pasa por darlo todo en alguno de ellos. Serena ha declarado abiertamente que durante los dos primeros meses de su embarazo llegó a competir y a salir victoriosa en Melbourne, obteniendo de esta forma el Gran Slam número veintitrés que la situó a un solo título de Margaret Court, la lideresa vigente de este ranking particular. Aunque el horizonte de la estadounidense ya es escaso, en las casas de apuestas no se descarta que todavía pueda obtener ese más que merecido trofeo.

Con independencia de que las cifras no den para alcanzar a la australiana, el palmarés de Williams es igualmente estratosférico, toda una gesta que será muy difícil de superar. Los datos son abrumadores. Sólo en la veintena de años que arranca en 1999 llegó a disputar treinta y cuatro finales de Grand Slams, de las que fue capaz de llevarse a casa siete Abiertos de Australia, siete campeonatos de Wimbledon, media docena de Abiertos de Estados Unidos y tres Roland Garros. Fue su hermana, Venus Williams, la tenista que se encargó de arrebatarle siete de esas finales. Ambas formaban una de las parejas más letales de este deporte cuando llegaba el turno de jugar partidos de dobles. Juntas alcanzaron catorce títulos y tres oros olímpicos.

Después de proclamarse campeona en Australia en 2017, llegó a jugar cuatro finales en los dos años siguientes, estando así a punto de igualar y superar el récord de Margaret Court. No fue posible. La acumulación de lesiones ya había comenzado a debilitar el juego de la norteamericana. El asunto no mejoró en con el paso de los meses, y es que en 2020 tuvo que permanecer un año de baja por culpa de una rotura en la rodilla. Tal vez fue ese el punto de inflexión que condujo a la jugadora a sopesar la retirada de las pistas. Su presente deportivo pasa por finalizar el Abierto de Toronto y prepararse para la agenda que le queda por delante: Cincinnati, Winston-Salem y el US Open, que se postula como su última gran oportunidad de llegar a la cima.

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